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18 Mar Viaje a las Islas Svalbard. Segunda etapa: Las morsas y araos de Nordauslandet.

Navegábamos hacia el Glaciar Mónaco en un día plomizo. Las nubes densas flotaban sobre el mar dejando a la vista tan solo una delgada capa de tierra marrón. Los cada vez más frecuentes icebergs atestiguaban la cercanía del glaciar Mónaco, sin embargo un cambio inesperado en las condiciones meteorológicas, nos impidió poder bajar a tierra para observar aquella imponente masa de hielo que se descuelga sobre el mar. Proseguimos viaje hacia nuestro siguiente objetivo, las colonias de araos de Alkefjiellet en el estrecho de Hinlopen. Los araos de Brunnich son unas pequeñas aves marinas, rechonchas de ahusados cuerpos y estrechas y cortas alas que las convierten en malos voladores pero excelentes nadadores y buceadores. Ya que se alimentan de pequeños peces que persiguen bajo el agua. Ponen un único huevo entre mayo y junio en lo alto de repisas acantiladas marinas, donde establecen nutridas colonias a salvo de depredadores como el zorro polar. No construyen nido por lo que su único huevo tiene un aspecto ahusado que le permite rodar sobre sí mismo sin desplazarse y caer desde las altas repisas.

Arao de Brünnich (12)               Arao de Brünnich (13)

El acantilado de Alkefjellet es calizo, y destaca por tener una capa horizontal de mármol, que se formó debido a una intrusión de magma a elevadas temperaturas que metamorfizó la roca caliza convirtiéndola en mármol.

Al poco de llegar a la colonia, pudimos ver el devenir de varios zorros árticos a la búsqueda de pollos de arao. El mar agitaba nuestra zodiac con contundencia tal que aquel vaivén unido a mi intento de estabilizar la cámara durante mi filmación de los zorros que se movían a velocidad de vértigo por los acantilados, me terminó produciendo un tremendo mareo que acabó por exprimir mi estómago arrojando mi desayuno por la borda.

No conseguí recuperarme ya de aquella borrachera en todo el viaje en zodiac, no obstante seguí ahondando en los misterios de aquel acantilado, con recovecos mágicos de grietas heladas teñidas de verde y rosa a causa el crecimiento de las algas sobre el hielo fertilizado por el guano de las aves de la colonia.  En algunas zonas, el casquete inlandis que corona la isla, el tercero mayor del planeta, se derrite formando hermosas cascadas que se descuelgan de los farallones rocosos cayendo a plomo hasta el mar.

Arao de Brünnich (14)                  Arao de Brünnich (19)

Los araos nos sobrevolaban, desplomándose al vacío y cayendo torpemente sobre el mar contiguo a nuestra zodiac. Tras un mes de incubación eclosionan los pollos que a las dos o tres semanas, cuando todavía no poseen todo su plumaje de adulto y por tanto no pueden volar, se lanzan desde los acantilados al mar acompañados de su padre para comenzar la migración por mar al sur. En ocasiones los araos nos bombardeaban con sus excrementos como medida disuasoria al haber mancillado su paz con nuestra presencia. Estas aves, son capaces de vivir 40 años, como respuesta a su baja natalidad de un solo huevo por pareja.

Arao de Brünnich (8)                    Arao de Brünnich

Por la tarde desembarcamos en Nordauslandet en un lugar inhóspito, un desierto polar seco, a causa de los fuertes vientos que genera su inlandis y que impide a la humedad marina penetrar en tierra firme, por lo que rara vez precipita. Se trata de Torrelnesset, playa donde tuvimos la fortuna de tener un encuentro con una colonia de morsas. Resultaba tremendamente impactante ver emerger de las grises aguas marinas los enormes cabezones bigotudos de estos animales  a pocos metros de nuestra zodiac. Curiosos por nuestra presencia, cuando desembarcamos se acercaron nadando paralelos a la costa donde nos encontrábamos para observarnos. Finalmente iniciamos un acercamiento por tierra al grueso de la colonia que descansaba en un saliente de la playa.

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Las morsas son animales marinos que se alimentan de moluscos, los cuales detectan patrullando los fondos arenosos con sus vibrisas en inmersiones de hasta 80 m de profundidad que pueden durar entre 10 y 50 minutos. Los enormes colmillos que en los machos pueden medir hasta 1 m se usan como herramientas para desenterrar moluscos y para subir sus enormes corpachones a los bloques de hielo a la deriva donde descansan. Por lo general paren una única cría entre abril y junio que es amamantada durante dos años. Las morsas de Svalbard fueron practicamente extinguidas durante el S. XIX por la caza indiscriminada. Tras protegerse en 1952 su número ha aumentado entorno a los 2000 individuos.

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Terminada nuestra aventura regresamos al barco, era tiempo de seguir navegando al norte. Mañana alcanzaríamos la banquisa polar, una inmensidad de hielo marino que reluce bajo las inmortales luces del sol estival.

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