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23 Dic NUEVO DESCUBRIMIENTO: Las aves confunden los plásticos por comida a causa de su olor.

Recuerdo este verano, buceando en las aparentemente prístinas y cristalinas aguas de la costa almerienses del Cabo de Gata como, no obstante, si uno se fijaba un poco, no era difícil distinguir botellas y bolsas de plástico enredadas entre las algas o sobre el lecho rocoso. Recuerdo incluso que tras acceder a una playa remota navegando en mi piragua por más de una hora, llegué a un lugar olvidado por el hombre pero no por sus desechos, donde la grazna de plásticos formaba una sopa entre las olas, cuyo batir aún desmenuzaba más sus fragmentos haciéndolos así más fáciles de ser devorados por los peces, accediendo de este modo a las cadenas tróficas.

Para algunas aves marinas, los plásticos que vertemos al mar, huelen a comida. Esta es la principal conclusión a la que llegó el investigador Matthew Savoca de la Universidad de California en su estudio publicado por la revista Science Advance, identificando que la clave para la confusión se debe al olor. Según el estudio, los desechos plásticos desprenden una esencia (dimetilsulfuro) que desde hace miles de años emplean algunas aves marinas para detectar la comida en medio del océano.

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Este estudio explica además la causa por la que algunos tipos de aves como las procelariformes (albatros, petreles, pardelas y paíños) se ven más afectadas por el consumo de plásticos al tener unas fosas nasales en forma de tubo muy sensibles y un excelente sentido del olfato, lo que les expone aún más a la confusión. Así pues como se deduce del estudio, el problema de la contaminación por plásticos en el océano no debe entenderse sólo como un problema de degradación del medio marino si no como un impacto directo sobre las numerosas especies animales que lo habitan, siendo además éste un problema que afecta a la totalidad de mares y océanos.

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En España dos estudios recientes, liderados por investigadores de la Universidad de Barcelona y de la Estación Biológica de Doñana, alertan de la presencia de microplásticos, con una elevada incidencia, en tres especies de pardelas, la balear y la mediterránea en el Mediterráneo, y la cenicienta tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico. Siendo todas ellas especies amenazadas.

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