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17 Sep Desove de tortuga boba (Caretta caretta) en las playas de Sueca (Valencia). Verano de 2016

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En 200 años no se había registrado el desove de la tortuga boba (Caretta caretta) en aguas del Mediterráneo peninsular. Sin embargo en los últimos 10 años, ya se han contabilizado 8 puestas de las cuales 4 han sido en la costa valenciana.

La tortuga boba (Caretta caretta) puede llegar a tener en los ejemplares mayores hasta 120 cm de longitud y un peso de 120 kg. Como ocurre con todas las tortugas marinas, ni su cabeza ni extremidades son retráctiles. Este reptil marino posee una dieta omnívora aunque le agradan especialmente las medusas. En estos quelonios el apareamiento se da de marzo a junio, durando la incubación unos 2 meses. Tras la puesta en un nido escavado por la hembra en la arena y tras depositar entorno a los 100 huevos, ésta se despreocupa por completo de su prole, regresando al mar de inmediato. El sexo de las pequeñas tortugas viene determinado por la temperatura de incubación de la arena, como a su vez es característico de muchos reptiles, de tal forma que si ésta es superior a los 29 grados centígrados nacerán hembras. No obstante un aumento de la temperatura superior a los 35 grados e inferior a los 23 grados podría ser letal. Como medida defensiva ante los muchos depredadores que tienen las pequeñas tortuguitas que al nacer no miden más de 5 cm con un peso que ronda los 20 g, la eclosión y posterior huida al mar de los neonatos se suele dar por la noche.

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Desde que el año 2006 se diera tras 200 años de inexistencia el singular acontecimiento de una puesta de tortuga boba con 78 huevos en las playas de Puzol (Valencia), se han dado hasta la fecha 3 casos más en la costa valenciana; Playa de San Juan en Alicante en el año 2014, La mata de Torrevieja, también en Alicante y por último el pasado 2 de julio de 2016 en la playa de Les Palmeres de Sueca (Valencia), cuando una pareja paseaba por la noche y se tropezaron con una tortuga que salía del mar para poner huevos.

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Finalmente la Universidad de Valencia junto con el Oceanográfico se ocuparon del nido traslocándolo, huevo a huevo, a la protegida playa de la Punta en el Parque Natural de la Albufera, asegurando así la pervivencia de los huevos que de otro modo se hubieran malogrado en la concurrida playa de Sueca. De los 88 huevos de la puesta, finalmente eclosionaron 47 tortugas de las que se decidió liberal 32, dejando el resto en el Oceanográfico de Valencia para asegurarse de su crecimiento y liberación posterior siendo más adultas y por ello menos vulnerables.

El multitudinario evento de liberación de las tortugas se aprovechó también para devolver a su medio marino a una tortuga adulta capturada en redes de pesca por accidente y recuperada en el Oceanográfico de Valencia.

Como no podía ser de otra forma, yo estuve allí para contemplar como a golpe de aleta, con paso titubeante pero a la vez firme, una nueva esperanza en forma de tortuga se dirigía hacia el mar Mediterráneo, su casa, nuestra casa, para intentar sobrevivir. Contemplando la escena, cientos de personas se agolpaban con entusiasmo demostrando una vez más que el hombre disfruta y necesita del contacto con la naturaleza salvaje a la que aunque a veces lo olvide, también pertenece.

 

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